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IGLESIA METODISTA

EL MESIAS

 


TESTIMONIO

 

Hace tiempo, cuando vi un trabajo de pirograbado, pensé cómo ello era una actividad que mi papá disfrutaba y recordé que cuando yo era niña y estuve enferma, él llegó al hospital con una cajita (estuche del perfume que usaba), forrada con terciopelo, como un alhajero y en la tapa decía: “sobre toda cosa guardada, guarda, hija mía..., tu corazón”

Cuando salí del hospital, recuerdo que guardaba allí dulces que me habían regalado al visitarme y no se exactamente por cuanto tiempo ese fue mi tesoro, y luego lo use para guardar otras cosas......no se hasta cuando lo tuve.

Mientras yo pensaba en esto, sentí nostalgia, porque aún ahora, 17 años después de su partida con el Señor, le extraño y quisiera platicarle muchas cosas y el Espíritu Santo trajo pasajes a mi memoria y me hizo ver lo profundo del versículo que allí fue escrito:

El contexto dice:....porque de él mana la vida Pr. 4:23.

Fil. 4:7 dice que la inexplicable paz de Dios está  en mi corazón....

Sal. 37:31 me advierte que si la ley de Dios está en mi corazón, mis pies no resbalarán....

Sal 119:11 declara que el guardar la Palabra de Dios en mi corazón, me puede detener de pecar contra El....

Pr. 17:22 dice que el corazón alegre constituye un buen remedio....cosa que siempre hace falta.

A través  de los años, todo esto se ha hecho realidad en mi vida y he conocido a Dios mediante su Palabra, lo que es un tesoro en mi corazón, del cual puedo compartir con otros (Mt. 12:35), sé que Dios pesa mi corazón (Pr. 21:2) y conoce las intenciones que hay en el  y tantas cosas que allí se guardan.

Meditando en todo ello, las lágrimas rodaban por mis mejillas, pensando en que algún día, estaré frente a Dios y podré ver también  nuevamente a mi papá....en ese momento, pareciera que el Espíritu Santo me susurrara: “el ya no está aquí contigo, pero pudo compartirte lo mejor: Jesucristo, y él sabía que si te arrepientes de tu pecado y aceptas la salvación, conocerías, no sólo “de oídas” al Señor, obteniendo vida eterna.

 

Enviado por: Hna. Sara Rodríguez de Dorantes

 


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